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Comenzar con un café

El café es una bebida milenaria. La planta de café es originaria de Etiopía y su cosecha y consumo tienen raíces en Yemen, de donde se expandió luego al resto de Arabia. En el siglo 15, los musulmanes sufíes consumían café para sus ceremonias espirituales. Ya para el siglo 16 había llegado a El Cairo y Estambul, luego entró a Europa y se expandió a América.

 

Pero todavía hoy se debate sobre sus propiedades y el efecto del café en la salud. Sin duda, muchos encuentran que al beber café se potencia la atención y el estado de ánimo. Hoy, sin embargo, la evidencia indica que el café puede tener efectos benéficos a más largo plazo, como ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, ciertos cánceres y otras afecciones crónicas. Por ejemplo, estudios recientes revelan que el consumo de 2-3 tazas de café por día se asocia con una reducción en enfermedades cardiovasculares. Y este efecto benéfico es más obvio cuando el café se consume en la mañana en lugar de la tarde.

 

Estos efectos se deben a la compleja composición del café, cuyos polifenoles afectan el metabolismo y mejoran la salud intestinal. Y lo mejor, no importa si se trata de café sin cafeína, lo cual afecta a un creciente número de personas. Así que la protección que se le atribuye al café no necesariamente está asociada con la cafeína.

 

Otro estudio indica que tomar café diariamente reduce el riesgo de demencia y deterioro cognitivo. En conjunto, estos resultados son alentadores, aunque también es importante tener en cuenta que existen otros factores fundamentales, como la dieta y el estilo de vida, que contribuyen a mejorar la función cognitiva y el bienestar. El café es, al fin y al cabo, solo un elemento más. ¡Pero qué bueno!



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